A quien corresponda

La publicidad no funciona para promover el hábito de leer.

No sirve hablar de lo más nuevo en libros, todo lo bueno ha sido escrito ya.

No sirve poner a famosos en los anuncios, nadie que los siga lo hace por admirarlos como lectores.

No sirve colocar imágenes que salen de los libros, es una metáfora estúpida de la imaginación que se despierta con una lectura.

Y no sirve voltear una E en la palabra LEER, no se trata del logo de una marca.

Las técnicas publicitarias cuya eficacia ha sido comprobada miles de veces no sirven para los libros. No estamos promocionando una marca, ni un producto, ni un hábito mecanizado como el de cepillarse los dientes. La lectura y el resto de lo que se publicita sólo tienen una cosa en común: no son necesarias para vivir.

Empezar a leer de repente es como perderse en un país extranjero, sin mapa y sin conocer el idioma. No es tan fácil.

Propongo dos cosas: la primera, que los lectores de verdad dejen de considerarse superiores a los no lectores. Dejen de corregir su ortografía cuando no se les pide, por ejemplo. La segunda, promocionar la lectura como lo que realmente es. Una actividad solitaria, un montón de letras que hay que interpretar. Poner en los carteles estrofas, minicuentos o fragmentos que puedan atrapar a cualquier persona que espere el camión, por ejemplo.

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